Malta..."En esta historia sólo yo me muero"
“No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.
Pablo Neruda: Cien sonetos de amor”
- tenemos que ir a Malta -
- me encantaría, sabes que mi yayo se refugió allí, la yaya siempre lo contaba –
- decidido, iremos a Malta –
Te escribo a ti, que me prestas tu atención cada tanto cada poco o cada nunca. Me conoces, yo sólo te sospecho. Precisamente a ti, que eres el/la que da sentido al amontonamiento de párrafos. No quiero abusar de tu tiempo y no, no hagas muecas porque esto no es demagogia, de hecho, esto no es nada (y si esto es una mascota, se parece bastante a su dueño). No me gustan las deudas, por favor no entiendas esta carta como un pedido de ayuda porque no, no estoy aullando socorro, sabes qué pasa, no necesito nada y no te dejes engañar: no quiero, no puedo ni voy a aceptar tu consuelo y es importante que me creas cuando te digo que no te estoy pidiendo absolutamente nada porque si necesitara ayuda, gritaría en mayúsculas o en negrita o plantearía situaciones concretas o plantearía algo con sentido y ya ves que no lo hago porque no necesito ayuda. Si estuviera pidiendo auxilio, no contaría esta historia.
O bueno. Quizás soy demasiado humano, te escribo a ti destino y no, no pido ayuda.
- pasajeros con destino a malta, embarquen por la puerta 54 –
Cruzar una puerta de embarque solo es algo ilusorio si se trata de vacaciones, diferente si es por trabajo, Malta, - tenemos que ir a Malta -, pero no fuimos nunca, y este año tan raro, tan diferente, tan renovador, ¿que mejor sitio que Malta?.
Una pequeña isla densamente poblada, un archipiélago en la mitad del Mediterraneo, justo al sur de Italia y al norte de Libia. Tres islas un refugio Seguro, muy seguro, tan seguro que casi me quedo, tan seguro que casi ni vuelvo.
No puedo contar lo acontecido en mi refugio, sólo un nombre, Petro, y una profesión, pescador… pero volver he vuelto, y te voy a esperar, querido destino, simultáneamente en cada esquina, boca de metro, parada de autobús portal solitario. Voy a esperar porque a alguna parte vas a ir porque siempre estás yendo y viniendo porque no conoces lo que es mirar al suelo y ver unos pies en reposo. El reencuentro es previsible: cuando me veas vas a mirarme sin entender y decir disculpa me dejas pasar por favor… y yo quizás te diga que no porque te tienes que quedar ahí y significarlo todo de nuevo.
Voy a esperar porque alguna parte vas a ir porque siempre vas a estar ahí donde yo no estoy pero ahora que sé que esa es la regla, planeo esperarte simultáneamente y cuando llegues, cuando me llames por mi nombre porque lo sabes de memoria
(y mi teléfono, los nombres de mis afectos, cada curva de mis huellas digitales),
vas a decir: estás igual que siempre no cambiaste nada sigues siendo el mismo.
Y te contestaré que sí, sólo para no contrariarte pero no vas a entender lo que digo. Creo que me entenderías si alguna vez me hubieras entendido.
Un paseo en dghajsa (embarcaciones tradicionales tipo góndolas) al atardecer tiñe el persistente amarillo de las sólidas fortificaciones de Malta con los brillos rosados y opacos del sol, ahí respiré y las fosas nasales de mi corazón se abrieron.
Tanto las dghajsa como los luzzu (botes de pescadores) de la principal villa pesquera de Marsaxlokk tienen meticulosamente tallados y pintados, los ojos de Osiris, y no diré de quien me acorde.
Los jóvenes pescadores no se preguntan acerca de esta antigua tradición y simplemente se limitan a perpetuarla en sus barcos de color azul, amarillo, verde y bermellón.
Dice la leyenda que, los ojos de Osiris eran pintados por los egipcios en sus veleros del Nilo, como un talismán, para proteger a los navegantes.
La sabiduría popular destaca la superstición como una característica propia de los pescadores.
Y en la isla de Malta, donde es común que sople el gregale, el mismo viento tan temido que provocara el hundimiento del barco del apóstol San Pablo hace dos mil años, cualquier excusa es bienvenida para ahuyentar la mala suerte.
Reacio a las leyendas ancestrales y sin embargo temeroso de romper la tradición, Petro, elaboró su propia teoría y pinto los ojos en la proa sólo para que le marquen el camino a seguir.












ser_anonimo dijo
salí a ver si alguein seguia golpeando la puerta, y veo que anda sobrevolando aun...
19 Septiembre 2008 | 06:46 PM